Nieva: Capítulo 3 (versión extendida)

El frío arrecia fuera, si bien se siente también desde dentro en un perfecto efecto vasos comunicantes.

Las gruesas paredes y las pequeñas y al mismo tiempo escasas ventanas de la casa son de ayuda de cara a mantenernos aislados, pero fuera hace demasiado frío. Así que aunque el fuego arda aún poderoso en la chimenea me acerco un poco más a su calor; tanto que siento que la cara y los ojos me arden, resulta un absoluto placer. ¡Qué agradecida es la madera del tocador de mamá!

Hemos pasado una buena mañana dentro de lo que cabe, sin sorpresas que se dice pronto, pudiendo desarrollar nuestra rutina sin sobresaltos. Ésta es bastante sencilla. Empezamos realizando repaso de inventario, primero siempre los alimentos y luego las herramientas, que parece mentira pero la probabilidad de que estas últimas desaparezcan entre tanto cambio repentino es bastante alta del mismo modo que el perjuicio de no poder contar con ellas. Una vez terminamos esta primera fase revisamos posibles daños estructurales de la casa, me recuerda siempre a la función de los operarios que veía en los aeropuertos paseándose por debajo de los aviones linterna en mano buscando desperfectos, realmente hacemos lo mismo siendo nuestro próximo vuelo el día que nos queda enfrentar por delante. En base a los resultados de ambas cosas y de su prioridad, decidimos en qué debemos ocupar el resto del día.

Rutina sencilla y todo sencillo. La sencillez es para nosotros otra de las bases fundamentales, si te complicas pierdes capacidad de reacción y sin velocidad no eres nadie en este mundo. Si para resolver algo le tenemos que dar muchas vueltas… echamos marcha atrás y buscamos otra forma de darle solución; si puede esperar a mañana así lo hacemos para enfrentar el problema de la mejor forma posible ya que un paso en falso puede resultar fatal. Se nos dan incluso problemas que no se pueden resolver y no nos queda más remedio que dar un paso atrás porque no merece la pena invertir esfuerzo en resolverlos por el riesgo que conllevan. Sí, se nos acabó el café, y aunque estemos casi seguros que en la casa de alguno de nuestros vecinos podamos encontrar no vamos a jugarnos el cuello por ello, así que vivimos libres de cafeína desde hace ya tiempo. Es un ejemplo a modo de anécdota, claro, nos han pasado cosas de este estilo con daños estructurales de partes de la casa por los que decidimos no luchar y simplemente cerrar ese ala o habitación y buscar una alternativa por otro lado. Afortunadamente la casa es grande y nosotros solo somos tres. Tres generaciones juntas enfrentando una realidad de la que nunca hubiéramos imaginado formar parte, realidad a la que seguramente no estemos preparados a enfrentarnos. Aprendemos rápido a adaptarnos, la verdad que creo que extraordinariamente rápido, pero todo pasa a demasiada velocidad y de repente te encuentras en el filo de la navaja.

Hablando de velocidad, nosotros la empleamos principalmente cuando salimos de casa; siempre vamos corriendo a todos lados mientras no estamos a cubierto, incluso el abuelo. De casa salimos lo menos posible, así que hasta se agradece que cuando lo hacemos vayamos corriendo, es una estupenda manera de estar en forma y estirar las piernas. Papá dice que así mantenemos “el figurín”. La verdad es que entre lo que corremos y que las comidas son muy controladas porque aquí nada abunda, estamos todos bastante delgados. Nuestras salidas son lo más parecido al paseo espacial de un astronauta en la estación espacial internacional. Bueno, yo nunca he estado ahí, pero lo deduzco por lo que vi y leí en su momento. Afortunadamente y a diferencia de los astronautas por la falta de oxígeno no tenemos que preocuparnos, al menos hasta ahora y esperemos que no cambie porque aunque le hayamos dado vueltas a cómo responder a esa situación todavía no encontramos una solución de garantías.

– Papá llamando a la Tierra, papá llamando a la Tierra, estás ahí Tierra? Puedes dejar lo que estás haciendo y volver con nosotros?

– Sí papá… – dejo el diario y paro de escribir durante unos segundos – creo que es importante que alguien deje por escrito cómo es nuestra vida y lo que nos está pasando.

– Podrás hacerlo tú mismo, porque visto lo visto vas a estar aquí durante muchos años. Anda, termina y recoge tus cosas, en diez minutos tenemos que estar listos para salir.

Porque esta es otra de las cosas que cambió después de que el abuelo apagara el interruptor de la luz del baño y cayera el rayo sobre el repetidor de telefonía del pueblo… que los que sobrevivimos, no envejecemos. Mi reloj se paró cuando tenía 12 años, y de eso hace ya unos cuantos. Parece increíble pero nos hemos convertido en amortales, el tiempo no pasa por nosotros, es como si no nos atravesara y nos dejara al margen. Las personas que se pierden por el camino no lo hacen por muerte natural, es siempre fruto de un accidente, la desnutrición, la enfermedad. Así que la selección natural se ha visto fuertemente condicionada y así nos hemos adaptado a ella. Mientras tengamos provisiones y salud tenemos tiempo, por eso hemos pausado nuestra actividad hasta llevarla a una velocidad que maximice nuestra seguridad, porque no tenemos prisa por el tiempo. Qué curioso verdad? Es acaso una ventaja? Seguramente será la única ventaja competitiva que nos ha aportado esta nueva realidad. Y no solo nos pasa a nosotros si no también a cualquier bicho viviente, incluso a las moscas. Sabéis cuánto vive una mosca? Pues aproximadamente 28 días, bueno, eso era antes; yo os puedo asegurar que tenemos una revoloteando en el baño, y os juro que es la misma, desde hace meses.

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