Nieva: Capítulo 2

La supervivencia cuando te mueves en una realidad tan cambiante como esta se basa en dos factores principales. El primero tu capacidad de improvisación, el segundo que estés a cubierto el mayor tiempo posible.

Puedes saber improvisar y ese día no tener suerte, entonces seguramente acabarás muerto. Pero si procuras estar a cubierto tu probabilidad de supervivencia pasa a ser claramente mayor. Si hace mucho frío puedes cobijarte del mismo, si hace mucho calor puedes estar en un lugar algo más fresco y alejado de los abrasadores rayos del sol. Lluvia torrencial, viento huracanado, tormentas eléctricas… oye, mejor si te encuentran bajo un techo firme.

Por eso muchos al principio optaron por vivir bajo tierra. Todo fue más o menos bien hasta las primeras inundaciones. Yo no estuve cuando el diluvio universal, pero según papá y el abuelo que tampoco estuvieron pero algo les habían contado, debió ser algo parecido.

Nosotros tuvimos suerte con nuestra casa, y creo que de verdad es uno de los motivos por los que aún sigamos aquí, ya que no se encuentra ubicada ni muy baja como para verse afectada por las inundaciones, ni muy alta como para sufrir las temperaturas extremadamente frías (por debajo de -30 ya duele al respirar); y tras el cobijo de una pequeña loma que nos protege de los días donde todo sale volando. Incluso la pobre vaca de nuestro vecino Ralf, lo juro.

Pero nuestra magia, nuestra arma secreta, es la enorme capacidad de improvisación del abuelo y de papá. El abuelo siempre dice que se dio cuenta que tenía un don al respecto el día que la abuela le pidió que se casará con él. Menuda era la abuela. Papá también tiene el don. Y yo… yo aún no lo sé. Por eso procuro siempre ir acompañado de uno de los dos; no son tiempos como para poder permitirte el cometer errores.

Cuentos cortos.

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