Nieva: Capítulo 3

Nuestra rutina diaria es bastante sencilla. Por la mañana repaso de inventario y revisión de daños de la estructura de la casa. En base a los resultados de ambas cosas y de su prioridad, decidimos en qué debemos ocupar el resto del día.

Rutina sencilla y todo sencillo. La sencillez es para nosotros otra de las bases fundamentales, si te complicas pierdes capacidad de reacción y sin velocidad no eres nadie en este mundo.

Hablando de velocidad, nosotros la empleamos principalmente cuando salimos de casa; siempre vamos corriendo a todos lados mientras no estamos a cubierto. De casa salimos lo menos posible, así que hasta se agradece que cuando lo hacemos vayamos corriendo, es una estupenda manera de estar en forma y estirar las piernas. Papá dice que así mantenemos el “figurín”. La verdad es que entre lo que corremos y que las comidas son muy controladas porque aquí nada abunda, estamos todos bastante delgados.

– Papá llamando a la Tierra, estás ahí Tierra? Puedes dejar lo que estás haciendo y volver con nosotros?

– Sí papá… – dejo el diario y paro de escribir durante unos segundos – creo que es importante que alguien deje por escrito cómo es nuestra vida y lo que nos ha pasado.

– Podrás hacerlo tú mismo, porque visto lo visto vas a estar aquí durante muchos años. Anda, termina el desayuno y recoge tus cosas, en diez minutos tenemos que estar listos para salir.

Porque esta es otra de las cosas que cambió después de que el abuelo apagara el interruptor de la luz del baño y cayera el rayo sobre el repetidor de telefonía del pueblo… que los que sobrevivimos, no envejecemos. Mi reloj se paró cuando tenía 12 años.

Cuentos cortos.

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