Túnel

– Suena muy típico, pero no alcanzo a ver la luz al final – dijo.

Llevaban horas metidos en ese agujero, con apenas espacio para sus escuálidos cuerpos, fruto del horror que intentaban dejar atrás. A pesar de todo Glen nunca perdía el sentido del humor; era sin duda una de las fuentes de las que emanaba su supervivencia. Era su coraza.

– Glen, te lo agradezco, pero creo que de esta no salimos. A duras penas consigo controlar el pánico y mantener el control; realmente, a duras penas consigo respirar este aire envenenado – era Paxel, su compañero de horror. Paxel era un superviviente. Un superviviente sin motivo aparente según decía él mismo, ya nada le ataba a este mundo, pero Glen le caía bien.

Siguieron adelante durante algunas horas más, pero el avance resultó mucho más lento de lo esperado. Apenas podían moverse, la visibilidad era prácticamente nula y el aire irrespirable.

– Glen, no puedo más – una tos que parecía sacada del mismo infierno empezó a brotar de su pecho. A partir de ahí un vómito interminable. Se ahogaba.

Pero sobrevivió, así era Paxel. Cualquier otro hubiera muerto ahí mismo.

– Vamos Paxel, la libertad tiene un precio. No me digas que pensabas que esto iba a ser un paseo. Te recuerdo que cuando dijiste que me acompañarías afirmaste que no te asustaba porque tenías mucho más que ganar que lo que tenías que perder.

– Deja de jugar con mi mente Glen, aquí me quedo – era la voz de Paxel que no superaba el tono de un susurro.

– Paxel – dijo Glen.

No hubo respuesta.

– Paxel, sigues ahí? – insistió.

Se aprecia un leve susurro, ininteligible al oído, pero la mente identificaba claramente que era el aliento de alguien que no quiere continuar.

– Paxel, vamos amigo. Te quiero.

Silencio sepulcral durante tiempo indefinido.

– Sigamos – dijo Paxel.

Cuentos cortos.

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