Nieva: Capítulo 7

Al empezar a recuperar la consciencia lo primero que sentí era el olor a café. Era maravilloso, tal como lo recordaba.

Maravilloso y al mismo tiempo imposible, hace ya muchos años que se terminó y así como hemos ido encontrado otras cosas en nuestras incursiones nunca nadie ha recuperado un paquete de café.

También noto que estoy tumbado en una cama y que hay alguien más conmigo en la misma estancia, guardando absoluto silencio. Tras un buen rato más, consigo abrir los ojos; y nuevamente la misma casa, pero de otra manera, como si hubiera estado a cargo de alguien diferente.

– No te asustes, vale? – era una voz femenina que me resultaba tremendamente familiar. Repitió lo mismo por lo menos diez veces, mientras yo miraba hacia donde provenía la voz intentando enfocar la vista, y no fue hasta la décimo primera vez que repitió que no me asustara cuando la reconocí.

– Mamá? – joder, era mi madre.

– Sí, soy yo, pero no te asustes por favor. La última vez saliste corriendo escaleras abajo y al caerte rodando te volvimos a perder.

Lo curioso es que todo eso me sonaba, hasta de repente sentí un fuerte dolor en la nuca, como el resultado de un golpe que hubiera sufrido en el pasado.

– Creo que lo recuerdo, y también recuerdo este olor de café – dije.

La expresión del rostro de mi madre cambió por completo y rompió a llorar. En ese momento lo entendí, no sabía por qué, pero lo entendí todo.

– Cuántas veces he estado aquí? – pregunté.

– Nueve, y en ninguna de las anteriores recordabas absolutamente nada, hemos tenido que empezar a contarte todo de nuevo cada vez.

Algo estaba cambiando.

Cuentos cortos.

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