Nieva: Capítulo 8

– Hemos? – dije. – Cuántas personas viven aquí?

– Tú abuela y yo – dijo mi madre.

Otra vez el pinchazo en la nuca, a lo que se sumó mi total desconcierto. No sabía por qué pero estaba seguro que al bajar las escaleras y entrar en la cocina encontraría tres tazas de café preparadas de diferentes colores, y mi abuela me iba a ofrecer la de color marrón. Es como si tal como me decía mi madre hubiera estado varias veces allí, me llega todo como en flashes, incluso ahora recuerdo el escalón desde donde caí rodando la última vez; también el sonido del crack cuando se me partió el cuello.

– Cuando tienes algún tipo de accidente en el otro lado vienes aquí, y una vez en este lado, cuando mueres, que es algo que haces con suma facilidad, vuelves al otro – dijo mi madre. – Y me da la impresión por lo que nos cuentas cuando vuelves que tampoco recuerdas ahí lo que has vivido con nosotras, una vez estás en el otro lado se borra todo lo de aquí. Para nosotras el tiempo sigue adelante y tú vas yendo y viniendo, y creemos que para el otro lado es igual; la diferencia es que cuando despiertas en el otro lado parece que todo continúe igual y que tu padre y el abuelo, al igual que tú, no sean conscientes de lo que pasa.

– Muero con suma facilidad? – pregunté atónito.

– Sí, la vez que más tiempo has estado con nosotras han sido tres días – respondió mi madre.

La cabeza me va a explotar.

– Dile a la abuela que cargue bien ese café – pedí.

– Ya lo sabe – respondió mi madre.

Cuentos cortos.

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