Nieva: Capítulo 10

Al amanecer desperté, seguía vivo y en el mismo lugar; fin del día uno. Esa era mi habitación, la de antes, bueno, la de ahora, la del otro lado. O tal vez el otro lado era el otro, la verdad es que aún no lo sé.

La habitación, aunque se notaba que había estado cuidada por otras personas, estaba prácticamente igual que antes de que empezara a cambiar todo: los libros en la estantería, el escritorio, los cuadros, las cortinas, la alfombra, los cajones… me acerqué a estos últimos y empecé a revisar el contenido. Dentro de ellos el contenido estaba tal cual lo recordaba, misma ubicación, mismo aspecto: las figuras de madera, los lápices, las chapas, mi diario…

– Joder – dije.

Mi diario estaba igual a como lo recordaba, pero no como lo recordaba antes de que cambiara todo, si no a como lo recordaba antes de empezar a arreglar el tejado de casa con el abuelo y papá.

Siento como un cortocircuito que me recorre el cuerpo de pies a cabeza, dolor en la nuca y olor a café. Tercera vez que estuve aquí, muerte por cortocircuito, ya lo recuerdo; escapaba de algo pero no recuerdo el qué. Sólo sé que tarde o temprano lo recordaré.

Empiezo a revisar mis notas. No me sorprendo al ver que no terminan la mañana del día que cambió todo sino que continúan adelante en el tiempo. Paso las hojas y la historia continúa tal como la recuerdo, acumulando todas las vivencias. Las páginas son exactamente las mismas, no solo la historia; la disposición de las palabras e incluso los dibujos juraría que están exactamente en la misma posición. Sigo leyendo, algunas partes las reviso completamente y algunas hojas solo las reviso en diagonal. Tras un rato llego hasta lo último que escribí, la última palabra coincide con la parte final de la segunda hoja.

Las manos comienzan a temblarme y tengo la garganta seca. Intento girar la página pero de lo que me tiemblan las manos me resulta casi imposible; no quiero que pase pero estoy convencido de lo que me voy a encontrar.

– Dios mío! – grito.

La historia sigue más allá de lo que recuerdo haber escrito, más allá de lo que recuerdo haber vivido, son mi letra y mis dibujos, leo la primera frase y yo juro que no recuerdo eso, pero es mi letra y claramente lo he escrito yo. Tengo delante de mí el libro que describe lo que me espera; y no lo quiero leer.

Cierro el libro muerto de miedo y salgo corriendo escaleras abajo.

Cuentos cortos.

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