Nieva: Capítulo 12

– Ya estoy muerto – digo.

Lo repito una y otra vez, no sé si durante minutos o si durante horas.

Tras meterme en la cama me he despertado en lo que creo es boca abajo sepultado bajo la nieve. Consigo respirar no sé muy bien por qué ya que mi cara se encuentra totalmente aplastada contra una masa helada que supongo blanca ya que soy incapaz de ver absolutamente nada. Tal vez no respiro? Ah sí, lo hago, a duras penas pero lo hago. Bueno, pienso, pues si estoy muerto será solo un poco.

La segunda conclusión que extraigo ante esta nueva situación es que el estar sepultado parece que tiene sus ventajas y he conseguido mantenerme a una temperatura más o menos estable durante no sé cuánto tiempo lo cual habrá evitado mi muerte; supongo, claro, todo son suposiciones ahora mismo.

Más tiempo.

Tal vez suene un poco extraño decir esto a estas alturas pero creo que me siento bien aquí. Es como una especie de Síndrome de Estocolmo de los sepultados. Me río solo al pensarlo mientras me atraganto con la nieve que se me mete por la nariz y por la boca. Vuelvo a reír. Tu cerebro te está protegiendo del sufrimiento y el miedo a la muerte, pienso, es increible la naturaleza.

Me pregunto por qué no intento mover el resto del cuerpo y buscar una solución al problema, es como si no se me hubiera ocurrido algo así hasta ahora y ese fuera el motivo por el que haya permanecido todo este tiempo sepultado. Al rato de pensarlo, en otro alarde de velocidad de procesamiento mental, caigo en la cuenta en que el problema está en que no lo siento. Efectivamente, no había caído en él porque no lo siento conmigo.

Consigo atar cabos entre todas mis recientes conclusiones: chungo, concluyo.

Cuentoscortos.

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