Velocidad y tiempo

Primera reflexión sobre la percepción de velocidad y tiempo

Rápido, parece que las esperas se hacen lentas pero realmente todo ocurre muy rápido. Es el juego que hace la mente cuando juzga el pasado, cuando el recuerdo se repliega sobre sí mismo y eres capaz de trasladarte de un momento a otro con total facilidad, da igual si por medio han pasado cinco minutos o dos años. Es mágico.

Pero cuando miras al frente, a lo que está por venir, nos vemos inválidos de cara a realizar el mismo ejercicio. Realmente, somos inválidos de cara a realizar ese ejercicio. Por suerte?

Segunda reflexión sobre la percepción de velocidad y tiempo

Lento, el futuro siempre se hace muy lento, por mucho que a medida que te haces mayor y la velocidad del tiempo cambie y pases a sentir que todo pase más rápido; a pesar de eso el tiempo siempre pasa a la misma velocidad. Los días siempre tienen 24 horas, las horas siempre tienen 60 minutos y los minutos 60 segundos. Es el cómo procesa tu cerebro el recuerdo a pasado lo que te lleva a esa sensación de estar cayendo al vacío y que el tiempo se escurre entre tus dedos.

Vivimos mucho tiempo, creo que más del que, de media, estamos preparados. Pero al mismo tiempo sentimos que se nos escapa.

Tal vez el problema no sea que no dispongamos tiempo, sino que puede que estemos gestionando mal la anticipación (que es de las pocas herramientas que creo nos puede ayudar a preparar el tiempo a futuro), o puede que no estemos gestionando suficientemente bien la expectativa (que es el indicador base que nos ayuda a medir si las cosas están funcionando según esperamos). Es curioso ver que el baremo que resulta de la expectativa nuevamente es un ejercicio que hacemos cuando hemos consolidado la información, cuando ya es pasado.

Nuestro cerebro vive constantemente en el pasado y un instante en el presente; incapaz de atravesar la barrera que nos permitiría tocar el futuro.

Tiempo

Es muy importante mantener el control sobre tu tiempo, porque el sentimiento de pérdida de control sobre el mismo puede hacerte caer en el pánico, la desesperación o la depresión.

La palabra tiempo, como la gran mayoría, puede mantener dos dimensiones completamente opuestas en base a cómo proyectes las palabras sobre él. Como se te ocurra anteponer a la palabra “tiempo” otras como “perder”, “malgastar”, “no aprovechando el”, “escapando el” (ésta es sin duda para mí la más angustiosa)… estás perdido. Te llenas de veneno, te ahogas tú solo.

Yo no sé nada del concepto físico de tiempo, pero me gusta pensar que para cada uno de nosotros el tiempo es diferente. Tengo claro que existen algunas constantes relativas al tiempo más o menos equilibradas y presentes en todos de igual manera, principalmente que la percepción del mismo varía con la edad; pero más allá de eso, el cómo vivamos el tiempo tú o yo es una variable “única” (y permitidme lo de única que ya sé que no somos individualmente tan excepcionales) que nos diferencia a cada una de las personas. Mi viaje en el tiempo al respecto de cómo me proyecto y traslado a través de él (no me estoy refiriendo a vivencias o hechas concretos si no a mi actitud ante el mismo) no tiene por qué tener nada que ver con el tuyo.

Un ejemplo es irte a dormir con la sensación de haber trabajado tu tiempo durante el día, y estar en paz con él; y otra, ante el mismo escenario de sucesos acontecidos durante el día, tener la sensación de que lo has echado a perder, no lo has aprovechado, no has estado haciendo lo que esperabas hacer. No quererte ir a dormir por el mero hecho de sentir que tienes que hacer más, cuando por otro lado podría sentirte en paz con lo que has hecho hoy y simplemente irte a descansar para poder recuperar fuerzas de cara a todo lo bueno que puede venir mañana… Puedes ser “simplemente” feliz o estar frustrado. Oye, y la felicidad de un escenario o todo el daño del otro nos lo podemos hacer nosotros solos!

Me gusta reflexionar sobre el tiempo sobre todo cuando lo tengo, cuando puedo tocarlo, cuando puedo sentirlo, cuando hasta tengo la capacidad de decidir qué hacer con él durante prácticamente todo el día. Cuando puedo sentarme en una silla, sin hacer nada más que bucear en mis pensamientos, prácticamente sólo sintiendo que floto a través de los minutos y las horas. Cuando no me siento obligado a estar corriendo hacia nada, cuando las personas que me rodean se equilibran y empiezan a vibrar en la misma frecuencia. Y no es fácil llegar a este estado, hace falta antes pasar por una fase de descompresión que es dura, donde pasas de la suma locura del día a día a conseguir encontrarte de nuevo en base a pausar las obligaciones y centrarte en ti y en los tuyos.

Eh, se nota que estoy de vacaciones.

Y a través del aprendizaje de haber repetido esta circunstancia los últimos años, sé que ahora es el momento de establecer prioridades y trazar el plan de lo que va a ser este nuevo año. Ahora es cuando lo ves todo suficientemente claro, ahora estás descansado física y mentalmente, pero sobre todo lo segundo. Es momento de planificar tu tiempo y tus prioridades, qué quieres ser dentro de un año, de qué quieres estar orgulloso; por qué quieres recibir una palmada en la espalda, un beso o un abrazo de las personas que te importan; qué necesitas como ser individual cubrir para sentir que tu vida tiene un sentido, que avanzas hacia la dirección correcta, que estás en paz contigo mismo.

Es el momento de trazar tu plan.

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Aire

Hay veces que cuando respiro noto que me cuesta la mitad. Y siempre es el mismo aire, siempre la misma altura, siempre la misma velocidad.

Y no soy consciente en el momento que me cuesta el doble, lo soy cuando me cuesta la mitad. Es al contrario de cuando estás acatarrado y con la nariz taponada; el momento cuando te das cuenta de lo bonito que es respirar normal.

Se mezcla al mismo tiempo un sentimiento de vacío en el estómago, pero no como el que tienes cuando caes, es un cosquilleo que hace que el aire aún sume más.

Es un momento que no quieres que acabe.

O que cuando acabe, que no tarde en volver a empezar.

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Vacío

El vacío es un sentimiento muy complejo.

A mí me nace en el estómago, y es extraño, porque yo esperaba que me naciera en el corazón. A veces me pregunto si al final lo que va a ser es hambre, pero no. O sí, pero al final no.

Y cuando siento el vacío, nunca surge de mí la idea de llenarlo, solo siento la caída libre y no puedo parar.

Pero nunca llegué al fondo; se puede decir que caiste si no llegaste al suelo? Técnicamente es posible que no.

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